
Corría el año 1985 y
yo estaba por primera vez en un funeral sintiéndome impactado al ver
a un familiar mío llorando; aún puedo rememorar como en ese preciso
instante, sin ser consciente del todo, mis ojos se llenaron de
lagrimas y no se porqué yo también empecé a llorar, era una
sensación extraña, era algo realmente nuevo: mientras me ahogaba en
mi pequeño sofoco sentía que mi pecho ardía con aires de
impotencia ya que alguien a quien yo amaba estaba sufriendo y yo no
podía hacer absolutamente nada para restarle dolor...
… no se cuando fue el
primer momento en el escuche algo real respecto a la psicología,
quizás fue cuando mi amiga Natalia me habló de dicha profesión,
quizás fue cuando mi profesor Hugo impartió dicha materia, no lo
sé, pero lo que si sé es que antes de ponerle nombre a mi carrera
profesional, yo ya sabía que “forma y sentido” tenía que
tener mi vocación y definitivamente no pasaba por alimentar a una
corporación, tenía que pasar por que mi vida diera sentido a otras
vidas, de algún modo tenía que ser así.

Los años no pasan,
vuelan y hoy miro hacia atrás , dándome cuenta que tener el título
de psicólogo, master,cursos, etc... no me ha cambiado la vida (que
absurdo sería si fuera así), pero si ha orientando y dado luces a
mi camino,me atrevo a decir que unir nuestra vocación con nuestra
profesión es una suerte infinita que nos lleva a crecer y que en mi
caso me ha impulsado a progresar en mis estudios.
Desde Perú hasta Pamplona, Copenhague y
Valencia mi vocación social-sanitaria me ha catapultado a ser más
feliz conmigo mismo, a ser perseverante a pesar de todos las veces
que la gente y la vida parecía y parece decir “NO”.

Al igual que mis queridos
compañeros de profesión, con todo seguridad puedo decir que soy
dichoso dándole sentido a mi existencia, y sirviendo de mi vocación
para quién la necesite, evitando que la gente a mi alrededor sufra
innecesariamente.
No hay fronteras, sólo
escaleras que subir,sólo tiempo para dar la gesta,..., esta es una carrera de fondo que no se corre con
la mente sino con el corazón,...
..., con crisis o sin ella, con más tiempo o con más paciencia,
Gustavo Rullier.