En occidente las
fiestas navideñas y de nuevo año son esperadas por un gran número
de personas, en cierto modo todos estamos condicionados por estas
fechas ya que nuestra mente las suele identificar como una
oportunidad de algarabía, celebración familiar, culminación de un
año y expectativa del año venidero. La oportunidad de pasar
momentos muy agradables de alegría y convivencia es uno de los ejes
más mediatizados
por la televisión,
la publicidad, la cultura cristiana y muchas personas de nuestro
entorno. Es lógico que se sobre-dimensione, pero es difícil no
evitarlo, la magia mítica es una de los aspectos
más hermosos del mes de Diciembre.
Sin embargo es en
estas fiestas cuando el protocolo de actividades, citas, regalos y
compromisos que para algunos es maravilloso, para otros
resulta asfixiante
ya que en un buen número de casos aumenta el índice de discusiones
familiares, debido a la tensión, el cinismo, la falta de comprensión
y frustración por conflictos no resueltos. Hay diversos estudios
que revelan que a lo largo de estas fechas se disparan los
conflictos reprimidos, ya sea por la añoranza de un ser querido, por
una mala auto - valoración del año que llega a su fin (al sólo
fijarnos en los errores) o por perder las esperanzas para el año
venidero. Estas situaciones hacen que las personas se sientan al
margen de la alegría y el amor familiar que otros dicen vivir,
haciéndoles sentir desamparados.
Las fiestas, por
antonomasia son motivo de júbilo y aunque nos entusiasmen más o
menos, es importante que cada año tengamos este tipo de
celebraciones; desde tiempos inmemorables el festejar los lazos
personales y el proyectarse en creencias positivas para el nuevo año
ha sido vital en todas las sociedades occidentales, por ello a la
pregunta ¿hay que festejar? , sin duda alguna SÍ hay que
celebrar en la medida que buenamente podamos, es útil y sano el
mantener algo de ilusión prescindiendo (en la medida de lo posible)
del pesimismo. Eso sí, hay que comprender que aunque es una
festividad colectiva también tiene un fuerte sentido
íntimo-emocional y por ello es conveniente que ya sea en solitario o
en familia intentemos “relajar el protocolo” para darle paso a la
espontaneidad, la dinámica personal y familiar; estamos en
constante cambio, por ello es útil adaptarnos a los nuevos tiempos,
valorar lo
que tenemos, no dejarnos llevar por el estereotipo y más bien darle
un sentido, pequeño o grande por el cual cada diciembre, con poco o
con mucho nos impulse hacia adelante.

En nuestro caso
queremos celebrar con un vídeo que resume el sentido de la navidad,
es una niña cantando un villancico con sus compañeros de clase, lo
peculiar es que mientras canta… ya lo veréis, disfrutad: http://www.youtube.com/watch?v=xb5a_1p6Reo
Fent Psicologia os desea felices fiestas.
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