Ya sólo la palabra "criticar" no suena del todo bien, y por más que digamos lo
contrario, seamos honestos (pongamos la mano en el pecho), criticar
y ser criticado no es lo mejor que nos puede pasar en el día. Pero
aunque no parezca ser lo mejor, es altamente necesario.

La acción de critica
constructiva tiene un acto inevitable de “invitación al cambio”
o “ayudar para enmendar un error que pueda conducir al éxito”,
es aquí donde el receptor dependiendo de sus capacidades podrá, en
parte, aceptar el lado bueno de la crítica y retenerla en el tiempo.
Lamentablemente esto no es tan fácil, tal parece que traspasar esa
sutil barrera invisible es todo un arte, una espada de dos filos que
es empuñada por el creador de dicha evaluación constructiva.
Muchas veces algunos de
nuestros clientes fracasan cuando trasladan su opinión constructiva
a otra persona, esta última parece que no quiere atender , “le
entra por un oído y le sale por el otro” incluso llegando a
alterarse (molesta, entristece ,etc..) llevando dicha crítica a una
discusión digna de un cuadrilátero o en su defecto a un silencioso
“me las pagarás”.
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Ello se puede mejorar
potenciando alguna de nuestras capacidades, la primera de todas y la
más básica es saber si nosotros somos capaces de clarificar lo que
queremos decir y si realmente va aportar un resultado útil. Una vez
que esto esté resuelto hay que esforzarnos por entender a la otra
persona, la situación en la que se encuentra, el esfuerzo que ha
realizado y “cuan a la defensiva” se va a posicionar. Ante ello
quizás sea lógico encontrar un espacio adecuado para invitar a la
reflexión y si no es así, siempre ayuda empezar hablando de
experiencias o situaciones que hemos visto en otras personas
respetables, incluso de nuestros propios errores que una vez
enmendados nos condujeron al éxito, siempre incluyendo palabras de
aliento, que rescaten lo que la otra persona ha hecho bien; ya que
como decía un gran profesor “criticar es como un bocadillo, el pan
siempre rodea a la carne de adentro, por ello el pan representa los
refuerzos, y la carne que va en medio representa lo que hay que
mejorar”.

Si ya hemos logrado
posicionarnos con la otra persona y queremos que esta también se
ponga en nuestra posición debemos de evitar a cualquier coste el
usar palabras negativas con intensidad afectiva u emocional tal como:
“me has fallado”, “tú sabías cómo me iba a sentir”, “no
nos entendemos”, “otra vez lo has perdido todo”, “esto es lo
que puedo esperar de ti”, “cosas así hacen que me arrepienta”,
“yo conozco eso mejor que tú”. Cuando las incorporamos en
nuestro discurso, sin querer estamos disparando al corazón de la
otra persona y no a su mente reflexiva. Esta afrenta abre la veda a
cualquier frustración del pasado y sobre todo distorsiona gravemente
la comunicación real, trivializando las relaciones, abriendo una
brecha entre una y otra persona (hay personas que nunca cierran
zanjas y las pueden tener ahí guardadas durante años).
Por el contrario si
usamos palabras positivas, que invitan a avanzar , indudablemente
estimularán y darán “alas” a la persona. Es ahí cuando podemos
señalarle y darle luces del camino a trazar. Haciendo que mire a la
luna (el objetivo real) y no a nuestro dedo(el conflicto en sí).
En Fent Psicologia
estamos seguros que podemos potenciar tus capacidades, visítanos,
las puertas de nuestro despacho están siempre abiertas.
Gustavo Rullier y Diana
Poveda
info@fentpsicologia.com
Inspirado
en el proverbio: “cuando el sabio señala a la luna, el tonto mira
al dedo”.