Asesinos Masivos: “Más allá de la Locura”
A un mes de recordar el fatídico atentado de Adam Lanza en el estado de Connecticut, se han vuelto a levantar los fantasmas de los asesinatos masivos y las típicas explicaciones a los hechos.
Por más terrible y oscuro que pueda llegar a ser el asesino, he visto las fotos en las que salía Adam de adolescente, no he podido evitar mirarle a los ojos, y preguntarme ¿cómo una persona llega a matar indiscriminadamente?, ¿qué tan largo y solitario es el camino que conduce a ese desenlace?,..., la mayoría de los criminales no se han concebido de la noche a la mañana, la súbita idea del placer por matar no aparece sin más.
Muchos asesinos tienen una larga trayectoria donde han expresado su dolor, frustración y malestar (tal como la sensación de amenaza o de vulnerabilidad e incapacidad para hacer frente a diferentes circunstancias , desde un modo convencional). Ellos han llenado blogs, emails, han sido motivo de denuncias;por no decir casi todos, han tenido alguna dificultad para discernir si tenían ideas psicóticas, de hecho han pasado por un médico de atención primaria, se les ha recetado algún psicofármaco, pero a pesar de su dolor, fueron minusvalorados o desatendidos por las familias, profesores o sanitarios que les conocieron.

Por ello, la información dada en los medios de comunicación, me produce una enorme decepción, ya que atajan con mediocridad por el camino fácil: “armas más locos es igual a destrucción” (parece que los columnistas ya saben sumar y que los psiquiátricos deben de estar bien lejos de Walkmart). La verdad es algo distinta, ya que la tasa de asesinatos por criminales enajenados no difiere de la tasa de asesinatos cometidos por personas que no padecen ninguna enfermedad o trastorno mental; mas bien , lo que comparten ambos grupos es lo que se conoce como el “Síndrome de Amok” donde la persona tras un período de preocupación o depresión moderada, aparentemente no provocada, le sigue un comportamiento asesino o destructor de los demás, tras ello, el asesino sufre un periodo de amnesia, agotamiento o de un viraje hacia un comportamiento auto-destructivo, llegando hasta el suicidio".
Además de ser una explicación muy gráfica, también nos ayuda a entender el porqué de que los asesinos en masa suelan ser personas distintas entre sí (por ejemplo los asesinos de la escuela de Columbine, eran completamente diferentes, tanto a nivel de carácter, como de interacción, relaciones y nivel de adaptación con el entorno social) y eran personas diferentes más allá de las pistola y el revolver.
Por otro lado los asesinatos masivos, no pertenecen, estrictamente a una sociedad en particular, es cierto, se da más en ciertas sociedades que en otras, pero el problema rebasa las fronteras. Alemania es un país con 38 millones de personas y tiene en su haber alrededor de cinco asesinatos masivos, Finlandia tres, le siguen de cerca, con dos masacres, Canadá, Brasil, México. No muy lejos, España, en Octubre del año pasado estuvo a punto de tener su propio asesino masivo en Mallorca. Estados Unidos, quien entabla la posición de asesinatos masivos con el escalofriante número (aproximado) de quince matanzas, es un país con más de 308 millones de personas (más de ocho veces Alemania) por lo cual es lógico que sus efectos se reproduzcan exponencialmente en comparación con otros países.
Aunque Estados Unidos sea un país donde es relativamente fácil comprar armas, también es fácil en Cánada, algunos países sur americanos y en Suiza, que aunque las armas son del ejercito, es obligatorio que todo varón entre 18 y 59 años posea un fusil de asalto y munición en su casa a lo largo de todos esos años.

Querido lector, como podrás comprobar no son dos simples factores los que convierten a una persona en un asesino masivo, son un conjunto de variables que van más allá de “la segunda enmienda americana”, van más allá de calificar a las persona como un “enfermo mental” o un “demonio que debe morir”. Quizás guarde más relación con la sociedad que en el día a día vamos forjando, todos somos miembros de ella; como dice Durkheim, la sociedad cohesiona y ejercer sobre sus individuos, por ello sociedades individualistas, donde eres “perdedor o ganador”, donde eres “conmigo o contra mi”, donde “se trabaja en grupo para obtener victorias individualistas”, donde “se desampara al débil”, donde se crean sistemas que permiten filtrar con más facilidad a personas que tras un largo proceso han acabado siendo los asesinos que hoy conocemos (no olvidemos que muchos de ellos avisaron, acudieron a un servicio de atención primaria, pero nadie llego hasta su persona).
Los hechos de Connecticut no deben de caer en una burda caza de brujas, todo lo contrario, debemos ver más adentro de los ojos del asesino, aún más adentro….
… por ejemplo, en el cómo de nuestras palabras y nuestras relaciones, en los espacios que permiten compartir nuestras frustraciones y las de nuestro vecino, en nuestros votos políticos y las leyes que se aprueben, en nuestras relaciones familiares y en nuestra preocupación altruista por hacer de esta, una sociedad mejor; ya que una sociedad será “sana”, en la medida en la que sus miembros posean redes sociales de calidad y soportes sanitarios/educativos para prevenir su malestar. Al fin y al cabo “son las sumas de las partes, las que crean un todo”.
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